Los tomates a nivel molecular reconocen la hierba parásita y se defienden de ella.

Cuscuta, también conocida como cuscuta, es una planta parásita. Es una vid que se injerta en

a la planta huésped para obtener agua, minerales y carbohidratos. Además de los tomates, el parásito también ataca y daña cultivos como la colza, el maíz, la soja y el lino.

Como regla general, las plantas no pueden detectar.invasión de parásitos. Pero resulta que algunos tipos de tomates están activamente protegidos. Forman una especie de “tejido” de madera que impide la penetración de los haustorios (chupones) de la cuscuta en la planta. Biólogos de la Universidad de Erlangen-Núremberg (FAU) descubrieron anteriormente que estos tomates tienen un receptor especial Cuscuta 1 (CuRe1), que activa un mecanismo de defensa. Sin embargo, hasta ahora no estaba claro cómo el receptor reconoce el peligro que representa la cuscuta.

Finalmente, los investigadores lograron respondera esta pregunta. Resulta que la cuscuta tiene un marcador específico en su estructura celular. Hablamos de proteína rica en glicina (GRP). Utilizando el receptor CuRe1, el tomate es capaz de reconocer la estructura molecular del GRP e identificar la cuscuta como un patógeno, lo que da como resultado una respuesta inmune. Nuevos datos sobre el “diálogo molecular” entre el marcador Cuscuta y los receptores del tomate pueden ayudar a mejorar la resistencia de los cultivos a las plantas parásitas.

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