Un péptido de la piel de un sapo se convierte en antibiótico al entrar en contacto con bacterias.

Los investigadores utilizaron la estructura molecular tridimensional de un péptido antibacteriano: uperin 3.5,

que se secreta en la piel del sapo australiano (Uperoleia mjobergii) para convertirlo en un agente antibacteriano.

Los investigadores descubrieron que el péptidose autoensambla en una estructura fibrosa única que, a través de un complejo mecanismo de adaptación estructural, puede cambiar su forma en presencia de bacterias para proteger al sapo de infecciones.

Las fibrillas antibacterianas de la piel de sapo sonun signo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson. Anteriormente se pensaba que era patógeno, pero recientemente se ha descubierto que algunas fibrillas de amiloide pueden proporcionar beneficios a los organismos. Por ejemplo, algunas bacterias producen este tipo de fibrillas para combatir las células inmunitarias humanas.

Los hallazgos sugieren que un péptido antibacteriano secretado en la piel del sapo puede activarse en presencia de bacterias.

Se trata de un complejo mecanismo de defensa del sapo, provocado por las propias bacterias atacantes. Este es un ejemplo único de diseño evolutivo.

Meital Landau, autora principal de este estudio

Los investigadores esperan que su descubrimiento conduzca a desarrollos médicos y tecnológicos basados ​​en el péptido.

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