Los biólogos han aprendido cómo los microbios intestinales afectan el apetito y la temperatura

Cuando ciertas bacterias intestinales se propagan al resto del cuerpo, el sistema inmunológico las atrapa,

centrándose en fragmentos de paredes celularesmicroorganismos conocidos como muropéptidos. La detección de estos elementos está garantizada por la proteína Nod2, que recubre las células de la “primera línea de defensa”. Los científicos han sugerido que se podrían encontrar proteínas similares en las células cerebrales.

Los investigadores utilizaron dos gruposratones modificados genéticamente: el primero tenía desactivados los genes responsables de la producción de Nod2, y el segundo producía etiquetas fluorescentes que ayudaban a comprender en qué células se creaba esta proteína.

Los experimentos han demostrado que los ratones con bloqueola síntesis de Nod2 ganó exceso de peso con la edad. Los biólogos creen que debido a que los alimentos pueden estimular los microbios en el intestino, más murapéptidos ingresan a las células externas durante las comidas. Al mismo tiempo, en ratones sin Nod2, tales moléculas no se capturan y el cerebro no sabe acerca de la saturación.

Los investigadores alimentaron al segundo grupo de ratonesmuropéptidos radiactivos. En una hora, se encontraron rastros de tales células en los cerebros de los ratones. Los científicos señalan que, de hecho, Nod2 se produce en el cerebro del ratón y que los muropéptidos pueden llegar allí a las pocas horas de llegar a los intestinos.

Los autores del trabajo dicen que Nod2 es aparentementeAfecta no solo a la digestión, sino que también realiza otras funciones. Los ratones hembra mayores que carecían de esta proteína en sus cerebros tenían temperaturas corporales más altas y, por lo general, pasaban tres veces menos tiempo construyendo una madriguera para mantenerse calientes.

Control metabólico a través del eje intestino-cerebro. Fuente: Ilana Gabanyi et al., Ciencia

En los últimos 20 años, otros estudios hanse ha encontrado una conexión entre los intestinos y el resto del cuerpo, incluso en los humanos. Los científicos han demostrado que ciertos microbios intestinales están asociados con afecciones como la depresión, la esclerosis múltiple y los trastornos del sistema inmunitario. Sin embargo, hasta ahora no ha quedado claro cómo se comunican el intestino y el cerebro.

Los biólogos dicen que sus experimentos muestranmecanismo por el cual las bacterias pueden controlar el cerebro. Sin embargo, este es solo el primer estudio en ratones y, en el futuro, los científicos planean confirmar su hipótesis en otros animales. Además, todavía no está claro qué función de la proteína es primaria: la respuesta inmunitaria o la comunicación con el cerebro.

“La misma molécula que advierte a nuestrosel sistema inmunológico de que algo anda mal puede ser utilizado por el sistema nervioso como una señal para regular los procesos clave de supervivencia, como la ingesta de alimentos y el control de la temperatura”, dice Juan Escobar, un biólogo evolutivo que no participó en el estudio.

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