Anteriormente, los científicos asumían que la iluminación artificial afecta negativamente a la población de insectos, pero esto no es cierto.
Los autores del nuevo trabajo compararon 26 sitios encaminos donde había seto o césped, iluminados por un farol, y un número similar de zonas sin luz. Al estudiar insectos en estas áreas, los autores prefirieron las orugas, que generalmente permanecen cerca de donde nacieron hasta que aprenden a volar.
Como resultado, se encontró que la población de insectos disminuyó en un 47% en los setos y en un 37% en los céspedes de las carreteras iluminados por linternas. Las orugas de la polilla fueron elegidas como objeto de estudio.
La razón es que las hembras, muy probablemente, no dejan descendencia en tales lugares.
Douglas Boyce, autor principal del artículo.
La iluminación también cambia el comportamiento alimentario de las orugas:empiezan a comer más. Según los autores, debido a la iluminación inusual, los insectos no supieron comportarse y comenzaron a comer más para acelerar su desarrollo.
Los biólogos descubrieron que el trastorno era el máspronunciado en áreas iluminadas por lámparas LED, en contraste con las lámparas de sodio de alta presión o las lámparas de sodio de baja presión más antiguas, que emiten un resplandor amarillo anaranjado, menos parecido a la luz del sol.
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