En muchos sistemas de interfaz cerebro-computadora existentes, se implantan electrodos (generalmente uno o dos).
Hace cuatro años, los científicos de la Universidad de Brown enRhode Island, University of Texas Baylor, UC San Diego y Qualcomm han comenzado a desarrollar una alternativa de mayor resolución. El resultado son unos sensores conocidos como neurogránulos. Son mucho más pequeños que los electrodos implantados tradicionales, cada uno del tamaño de un grano de sal. Recientemente se han probado en ratas y los resultados han sido prometedores.
Después de la implantación, una red de muchos neurogránulosrecibe energía inalámbrica de un delgado parche electrónico del tamaño de una huella digital que se adhiere al cuero cabelludo del paciente. Este parche también recibe señales eléctricas de sensores y también envía señalesenpara estimular las neuronas vecinas.
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