
El viernes pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el director ejecutivo de Apple, Tim Cook, celebraron una cena conjunta en el Palacio Presidencial.
¿Sobre qué hablaron?
El caso es que a partir del 1 de septiembre, el gobierno estadounidenseva a introducir aranceles adicionales del 10 por ciento sobre los productos procedentes de China. Dado que Apple ensambla sus productos en el Reino Medio, estos derechos también la afectarán: tendrá que trasladar la producción o subir los precios de los dispositivos.
Por ello, durante la reunión, Trump y Cook discutieron la posibilidad de trasladar la producción de Apple a Estados Unidos, así como las consecuencias de introducir aranceles para la empresa Apple.
Tim Cook también se refirió a Samsung, que tiene su sede en Corea del Sur y no se verá afectada por la introducción de derechos. Pero el comercio entre Estados Unidos y China fortalecerá aún más su posición en relación con Apple.
“Tuve una reunión muy agradable con Tim.Cook, lo respeto. Tim me habló de los aranceles. Y una de sus desventajas, y él lo justifica, es que Samsung es su competidor número uno. Samsung tampoco paga derechos, ya que tiene su sede en Corea del Sur. Me parece que presentó un argumento muy convincente a favor de la prisa por introducir aranceles más altos, así que lo pensaré”, concluyó Trump.
Se desconoce qué significa exactamente esto: una posible cancelación de derechos o algún tipo de concesiones en relación con Apple.
Y, por cierto, Donald ya había aprendido el apellido de Tim y nunca lo llamó Tim Apple.